¿Darías a luz en casa?

Dos mujeres cuentan cómo esta experiencia cambió sus vidas y la forma de ver el parto actualmente

Tomado de El Tiempo / Por: Ana González Combariza / 29 de junio 2016

 

Alejandra Montes decidió convertirse en partera profesional hace aproximadamente nueve años, luego de que en su familia ocurriera una tragedia. Su hermana mayor falleció durante el posparto en una clínica, lo que llevó a esta filósofa y abogada a preguntarse acerca del papel de la mujer en la actualidad y de cómo podría ayudarles en este proceso de ser madres. Decidió irse a trabajar con poblaciones indígenas y entendió, tal y como lo dice ella, la importancia de “cuidar el umbral de la vida y la muerte”. A la fecha ha asistido más de 200 partos tanto en ciudades como en el campo.

Son múltiples las razones por las que varias mujeres han optado por traer a sus hijos al mundo de manera natural, es decir, en su propio hogar y sin ningún tipo de intervención hospitalaria. Algunas lo han hecho por mantener la conexión natural con su bebé, otras por recomendaciones de conocidos, unas cuantas porque en su primer parto fueron maltratadas física y emocionalmente en las clínicas, e incluso existen quienes prefieren este método por estar en la onda de la vida sana, esa de buscar alimentos orgánicos y evitar los químicos de los productos y medicamentos de las grandes industrias.

«Los partos hechos en el hogar buscan restablecer la ritualidad del nacimiento, pues este tema se volvió una técnica». Alejandra Montes, partera colombiana. Foto: Ana González / EL TIEMPO

Para Montes, una mujer embarazada que decida traer su hijo al mundo con la ayuda de una partera, debe saber que el parto es una ceremonia espiritual y que por lo tanto ella debe estar consciente de que va a ser mamá. “Esto solo se puede hacer si la mujer es completamente libre. El hecho de que esté en su casa, rodeada de su familia y pueda moverse como lo desea, le otorga la libertad que necesita para traer su hijo a la vida”, dice.

Alejandra también asegura que la partería reestablece la esencia de lo femenino para que las mujeres conozcan el poder que tienen. “Es necesario volver a darle la importancia natural al proceso de parir y que las mujeres recobren la soberanía y el poder de su cuerpo”, cuenta y enfatiza además en que toda gestante debería saber que su vida cambiará por completo tan pronto dé a luz.

Lina Gómez tiene 33 años y hace 11 meses tuvo a Isha, su primera hija. Es antropóloga, profesora de Yoga y está casada con un hindú. El nombre de su bebé lo decidieron por la hora y el día que nació (2 de agosto de 2015), tal y como la cultura de su esposo lo rige. Pasa la mayoría de su tiempo en la India junto con su familia política y fue precisamente allí donde conoció de la partería natural, no obstante, quiso que su hija naciera en Colombia, por lo que se informó y conoció a Alejandra.

Lina Gómez, durante una ceremonia prenatal. / Foto: Lina Gómez.

Esta bogotana y su esposo fueron ayudados por Alejandra, quien les dio talleres acerca de los distintos tipos de nacimiento que existen y las complicaciones que se pueden presentar durante un parto. “No dejé de visitar a mi ginecóloga y de hacerme los debidos chequeos, lo que más quería era que la bebé naciera bien”, aclara Lina.

Para ella lo más importante de recibir a su hija con una partera fue el tiempo que se tomó Alejandra en conocerla. Pero además de buscar este trato especial cuenta que lo hizo con el ánimo de cambiar “la mala información que muchas mujeres tienen con respecto al parto en clínicas”, pues argumenta que “los hospitales son solo para emergencias y el parto debe vivirse sin tanto miedo tecnológico; es todo un fenómeno humano”.

Por su parte, Alejandra no descarta la idea de recurrir al hospital cuando el parto presente alguna anomalía para la mamá o para el bebé. Es por eso que les pide a las familias tener una maleta lista en caso de que la resolución del parto cambie. Para evitar al máximo que esto suceda, ella asegura que tiene en cuenta factores como el ambiente, el silencio, la comida y la respiración de la madre.

Alejandra trabaja junto a un grupo de aprendices de partería y el enfoque de sus talleres varía con cada madre y con el momento del embarazo en el que la contacten para iniciar el proceso. Los encuentros con esta partera, más allá de ser charlas informativas, buscan ser momentos fraternales. En ocasiones cantan, hacen masajes e incluso les enseña a las parejas a preparar cierto tipo de comidas o bebidas que sirven de refuerzo para los bebés y las mamás.

Este proceso le costó a Lina $ 3’650.000, pues comenzó su acompañamiento de partería desde el tercer trimestre del embarazo, es decir, la última etapa de este.

Lina Gómez y su hija Isha. «Haber traido a mi hija al mundo en nun parto natural me permitió tener una postura distinta frente a la vida». / Foto: Lina Gómez.
‘Tú eres la protagonista y no el médico’

Karen Vega, una fotógrafa profesional, hace dos años recibió a su hija Nila y también contó con la compañía de Alejandra. La historia de la maternidad de esta mujer de 25 años se inició en el 2013 cuando concibió a Índigo, su primogénito. Su embarazo fue complicado desde el principio, pues al bebé le detectaron gastrosquisis, una enfermedad en la que el intestino delgado empieza a salirse por un orificio a un costado del estómago del niño. El 7 de noviembre de ese mismo año la sometieron a una cesárea, pues la piel del bebé ya estaba muy irritada por el contacto con el líquido amniótico. Índigo nació con la ayuda de los médicos. Karen solo lo pudo ver hasta el otro día, pues al niño lo llevaron a incubadora de inmediato. Luego de 12 días de lucha constante, Índigo falleció.

Justo un año después de su pérdida, Karen se enteró de que nuevamente estaba embarazada, pero en esta oportunidad asumió su maternidad de manera distinta y decidió acercarse a un método diferente para traer a su bebé al mundo. Este nuevo procedimiento lo comenzó con Alejandra desde la semana número 16 de gestación, por un costo de $ 4’000.000.

“Es muy caro, demasiado caro. Es hermoso tener el bebé en la casa, pero es muy costoso”, asegura Karen.

Karen Vega y su hija Maya Nila, días después de su nacimiento. / Foto: Karen Vega.

Los precios del acompañamiento cambian de acuerdo con el tipo de programa que la pareja o la mamá elija, es decir, la cantidad de reuniones con la partera, las charlas, los ejercicios y demás actividades que desarrollan juntos. Sin embargo, todo depende de la capacidad económica de la familia que quiere su parto en casa.

El hecho de tener un bebé en parto vaginal luego de una cesárea era algo que no dejaba dormir en paz a Karen, pero por fortuna no tuvo ninguna complicación. Para ella es inevitable comparar su experiencia pasada con lo que vivió en su segundo parto. “Con el parto en casa tú eres la protagonista y no el médico”, señala al aceptar que con esta nueva experiencia tuvo la posibilidad de conectarse más consigo misma, con su papel como madre e incluso con los dolores naturales del nacimiento. “Para controlar las contracciones me sugerían que cantara. Es un ejercicio hermoso llamado Canto Carnático, se hace solo con las vocales y la letra ‘M’. Según sea la intensidad del dolor el tono de voz sube y sube, hasta que la molestia se haya ido”, dice.

Nila al día siguiente de su nacimiento. Karen y su esposo decidieron dejarla conectada a la placenta hasta que el cordón umbilical se cayó por sí solo. / Foto: Karen Vega.

Para llevar a cabo el trabajo de parto, estas profesionales se aseguran de que se cumplan varias recomendaciones. Por ejemplo, es necesario que el sitio escogido dentro de la casa cuente con poca iluminación, ya que el ideal es que las mamás pierdan la noción del tiempo y así no se estresen porque el día o la noche vayan pasando. Además, en este tipo de partos las mamás pueden comer si lo desean e incluso ingerir algunas bebidas hechas con plantas medicinales. Alejandra comenta que si la mujer siente el deseo de darse una ducha lo puede hacer cuantas veces sea necesario, así como estar un rato a solas con su pareja. También puede recibir algunos masajes para relajar el cuerpo y sentirse más tranquila.

Silla de parto, doopler, campanas de pinar y piedra de obsidiana. Elementos utilizados por la partera Alejandra Montes para asistir el nacimiento de los bebés. / Foto: Ana González / EL TIEMPO.

Uno de los ideales de este tipo de procedimientos es que la mamá pueda decidir en qué posición se siente más cómoda para ver nacer a su hijo, en parto vertical –es decir, de pie–, en una silla de partos, en cuclillas o en cuatro apoyos.

Dentro de todo el trabajo desarrollado por las parteras, también tratan algunos temas como el desapego a la vida en pareja por el hecho de que llega un nuevo integrante entre ellos, y la conformación de una familia. Todo esto Alejandra lo compara con el cierre de ciertos ciclos y el inicio de unos nuevos.

Un ‘ritual’ que va más allá del parto

Luego del nacimiento hay un seguimiento por parte del equipo de parteras para, entre otros aspectos, analizar el apego de los padres con su bebé y para aportarles algunos consejos de alimentación.

Karen aceptó varios de los ‘rituales’ que Alejandra le aconsejó y días después de dar a luz junto con su pareja consumieron un poco de la placenta y guardaron el cordón umbilical de la bebé. Luego, el 6 de diciembre de 2015, cuando Nila tenía un año y cinco meses, se dirigieron a una finca en Tuta (Boyacá) donde vive una amiga de ellos. Allí sembraron la placenta de Nila y, curiosamente, a los ocho días de haber hecho esta ceremonia, su amiga quedó embarazada. Actualmente, Karen está embarazada nuevamente, tiene cinco semanas y está convencida de que también tendrá a su tercer bebé en la casa, con la cercanía especial que solo le brinda Alejandra.

Por su parte, Lina decidió seguir otras recomendaciones de Alejandra y, aunque también sembró la placenta de su bebé en un páramo cerca de Bogotá, quiso conservar un poco de esta para crear un remedio floral o de Flor de Bach. Este se prepara con agua destilada, brandi y algunas gotas de lo que quedó de la placenta. Lina recogió su preparación en un gotero de vidrio opaco y lo puso en un lugar oscuro. “Tomé algunas gotas luego del parto, pero lo guardo porque dicen que sirve para tomarlo durante la menopausia”, afirma. Luego de estar durante cinco meses con su hija en Colombia, regresó a la India y debido a sus clases ha estado viajando por varias partes de Asia. En la actualidad se encuentra en Armenia, al oeste de Turquía.

El acompañamiento de las parteras en la adaptación del hijo y de la madre se realiza durante los primeros 40 días después del nacimiento, lo que se conoce como cuarentena. Esa es la labor que precisamente realiza Alejandra con sus pacientes, quienes con el paso del tiempo se van convirtiendo en sus amigas.

En un rincón de la casa de Alejandra Montes, a donde llegan varias de sus pacientes antes y después de ver nacer a sus hijos, reposa una fotografía de unos 25 cm de ancho por unos 30 cm de alto en la que se ve a una madre desnuda sujetando a una bebé recién nacida en sus brazos. Es un retrato de ella, la mujer que ha acompañado a más de 200 madres y que en diciembre de 2015 fue mamá por segunda vez. Alejandra realizó gran parte del trabajo de parto acompañada de su esposo, no obstante al momento en que su hija Aymara llegó al mundo, la acompañaron dos parteras también profesionales en el tema. Todo, en la intimidad de su hogar.

Escrito por: Ana González Combariza @Combariiza
Para el eltiempo.com

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