Amamantándonos de amor

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Semana Mundial de la Lactancia Materna: Por un Planeta Saludable

El 1 de agosto de 1990 en Florencia, Italia se instituyó la Declaración de Innocenti para la protección, promoción y apoyo de la Lactancia Materna. Fue una iniciativa mundial adoptada por la OMS/UNICEF y co-patrocinada por la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos y la autoridad Suiza para el Desarrollo Internacional.

Desde entonces y durante una semana, se conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Pero ¿cuál fue el motivo para que gobiernos e instituciones mundiales se vieran en la necesidad de promover la lactancia materna con imperiosa urgencia para restablecer la salud de las comunidades y sociedades?, ¿acaso lactar no es un acto “natural”?

Desafortunadamente, no hay nada más racionalizado e intervenido que lo que se denomina “natural”, bien a causa de la ciencia, cultura o el consumo. En el caso de la lactancia materna en el mundo, existen cambios preocupantes en los últimos 60 años.

Varios factores nos tienen en un escenario oscuro frente a la continuidad de la práctica de amamantar. Quiero presentar en estas líneas el factor de industrialización y el consumo, para comprender en parte por qué cambió la historia de la lactancia que hoy en día nos tienen desarrollando campañas, promoviendo jornadas de tetarte, haciendo promociones e informando sobre la importancia vital de amamantar.

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Industrialización y el consumo

Después de la segunda guerra mundial, la sociedad industrial y de consumo creciente, sobretodo en Estados Unidos, se percató de las grandes ventajas de la contratación de la mano de obra de las mujeres. No sólo eran más eficientes sino más barata. Las mujeres empezaron a reemplazar a los hombres en la sociedad industrial; la postguerra había dejado a hombres desvalidos física y emocionalmente y, las mujeres estaban haciéndose cargo, conquistando con ello lugares que por tradición ellas no ocupaban de manera igualitaria.

El cruce de circunstancias parió una nueva versión de las sociedades. Y entre tanto las mujeres que estaban en la industria, en las fábricas, requerían que su anclaje familiar con la maternidad, la lactancia y la crianza fuera sustituida y administrada por otros.

Este proceso de industrialización y modernización de las sociedades, requería procesos de investigación que avalaran cada vez más la “organización de la vida” a la luz del trabajo. Si las mujeres están laborando, en jornadas de 8 a 10 horas promedio, sus hijos e hijas debían ser alimentados con leches sustitutas de la leche materna.

Como por arte de magia se unían, por un lado, las demandas de las mujeres que efectivamente necesitaban y querían su independencia y -su propio dinero- con las puertas abiertas de un permiso moral y político para crear una industria de la alimentación humana más “práctica” acorde con los nuevos tiempos de las sociedades del trabajo y el consumo.

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Edición industrialización y maternidad

La industria farmacéutica se dedicó a crear un producto que en principio se llamó leche maternizada y que hoy en día tiene una facturación de 77.000 millones de dólares al año. Inclusive, se realizaron investigaciones “científicas” patrocinadas por esta creciente industria, para comprobar la “seguridad” del producto que sustituía la leche materna y encontraba una base robusta para promover un producto que desmotivaba el proceso esencial de amamantar. Con todo esto, las mujeres podían zafarse de la “responsabilidad biológica” para asumir la obligación en torno al trabajo, el salario y la jornada laboral.

A lo largo de esta historia también han existido detractores políticos, activistas que han denunciado sistemáticamente esta barbarie de la industria y el consumo que desinformó y desvirtuó a gran escala algo connatural al ser humano. Hoy en día, desafortunadamente, la leche materna sigue siendo relegada a un segundo plano. Los estudios sobre las enfermedades asociadas a este tipo de alimentación, no son lo suficientemente divulgados; detrás de esta política de consumo hay millones de dólares en juego.

Adicionalmente, las mujeres en jornada laboral completa y con duraciones de licencias de maternidad que no están acordes con los tiempos exclusivos para la lactancia -6 meses- hacen que las familias terminen casi en automático en la opción de sustituir la leche materna por la leche comercializada como alimento para bebés.

Paradójicamente, los países más pobres económicamente, son lo que más recurren a este tipo de alimentación. Aunque la compra de la leche comercial incrementa un valor significativo en los costos de la canasta familiar, la opción por la leche de “tarro” tiene un incremento anual del 4% en países latinoamericanos. Y allí entran a tejerse otros grandes factores:

  • Somos sociedades que estimulan prácticas que construyen sujetos individualizados con tendencia a los valores prácticos, en donde el dinero es prioridad y el medio principal, para tener una “buena vida” de consumo. Las mujeres que llegan al camino de la maternidad tiene esta antesala social que las lleva a tomar decisiones a nombre de esas prioridades construidas.
  • Las mujeres deben y quieren volver al trabajo. Los bebés deben quedarse con los cuidadores o en una guardería, con la leche sustituta, porque: ¡no hay nada más qué hacer! el decir de las mujeres trabajadoras.
  •  Los calendarios maternos no son visibilizados en medio de los calendarios laborales y de consumo en los que vivimos sumergidos. “¡No hay tiempo para maternar, ¡hay que trabajar!, ¡estudiar!, ¡superarse!, ganar dinero para darle lo mejor a nuestros hijos”
  • Las familias que están maternando a bebés, no están siendo sostenidas emocionalmente y las condiciones de posparto en medio de la soledad de muchas mujeres en las que sus compañeros, cuando son presentes, deben irse a trabajar a los cinco días después del nacimiento. Las condiciones emocionales también obstaculizan el proceso de amamantamiento.

Y así podríamos seguir nombrando como factores, las consecuencias de una visión de mundo en la que el maternar nos quita tiempo para hacer las cosas importantes de la vida: afianzar nuestra individualidad y ganar dinero. Así lo están haciendo en grande las farmacéuticas con el negocio de las leches comerciales para bebés, pero también lo viven a menor escala, las familias que deben anteponer otras prioridades frente a alimentar a un bebé desde la presencia.

Celebramos el lema de la Semana Mundial de la Lactancia Materna del 2020: Por un Planeta Saludable, pero ¿qué es planeta saludable?: ¿Un planeta con menos plástico? O un planeta en el que la consciencia de la salud pasa por repensar las dinámicas que le hemos impuesto.

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