Testimonio de Deysi Melo

Testimonio de Deysi Melo 2

Gestación

Cuando un ser decide llegar a este plano, es él quien escoge a sus padres, asumiendo el camino que va a recorrer. Mi cuarta hija y segunda en nacer nos escogió y yo la llamé. La deseé, fue convocada, aunque no “planeada” según los estándares que hemos asumido en nuestra vida occidental. Llegó en medio de una crisis, brindando luz y una nueva oportunidad.

La gestación fue acompañada de mucho temor por su bienestar en un principio, pero de mucha seguridad también, pues había sido deseada desde un lugar más profundo que el racional. Ella era para este mundo. El embarazo llegó simultáneamente con mi formación como doula y profesora de yoga prenatal. Consideré abandonar la formación, por lo exigente del proceso y lo que implicaría para mi llevar mi gestación, al tiempo que un proceso tan demandante.

Me convencí e inicié la formación. Llena de aprendizajes, fue el acompañamiento mejor escogido para gestar y el más desafiante también. Todos mis temores y miedos expuestos. Eso que no quería ver o afrontar: en mi cara. Cada práctica de kundalini yoga, cada meditación, cada sesión con las maravillosas maestras  y mujeres amigas me confrontaba. Sentí miedo, decepción, la muerte cerca. Pero también la otra cara de las cosas, amor desinteresado, sororidad, compasión.

En los ires y venires de la formación como doula me hospitalizaron dos semanas, en las que tras exámenes y especialistas no encontraron nada “irregular”, aparentemente. Sin embargo, durante ese tiempo la muerte perinatal y los duelos de mujeres me acompañan todo el tiempo. Mostrándome lo que tanto temía, confrontando mi deseo de acompañar a otras mujeres y servir de sostén desde el amor. Lejos de los señalamientos y lugares correctos, que no existen. Siendo con todas sus letras una verdadera doula. ¡Que labor más hermosa!

Así, decidida ya a que mi opción sería el parto en casa, al igual que en mi primer parto. Decidía iniciar mi acompañamiento con Alejandra Montes y las hermosas mujeres que la acompañan en MaternarSer.  Alejandra es el amor platónico de muchos y muchas y yo no era la excepción. Te enamoras más de ella si resulta ser tu maestra. Iniciamos el proceso con la premisa y el llamado de mi hija, esta nueva vida abriría una puerta para varias de nosotras a la sanación.

Con todo lo que esto implica y decididas a iniciar el viaje ahora juntas iniciamos el acompañamiento, que ya desde cada sesión en Happy Yoga venía sucediendo.

En medio de sesiones terapéuticas, masaje emocional, talleres de tejido, medicina placentaria, danza de las emociones, todo salió a flote. Como si lo pusieras todo en un colador y allí quedara el trabajo que había traído esta gestación. Trabajo sobre mis hijos, mis deseos, los deseos de los demás, las concesiones que no debieron haber sido y fueron, todo. Parecía interminable, imposible, en tan corto tiempo. Cuarenta semanas de gestación son mucho y poco a la vez.

Simultáneamente cada tarea del diplomado, de mi formación como doula y profesora de yoga prenatal, llegaban a complementar el proceso terapéutico: la cuarentena de la meditación del kirtan kriya como balde de agua fría, un desafío cada día. El sostén del grupo, la meditación de mis compañeras doulas y la constancia, permitieron ir despejando el camino.

Durante el acompañamiento, se requería la presencia de mi compañero, quien había estado presente en el parto de nuestra hija Silvana, por lo cual suponía deseaba acompañar este proceso. Después de un trabajo interno fuerte y amoroso, de mucho diálogo, recibí su verdad: no era su deseo acompañarnos en el parto, no había sido su deseo estar presente en el anterior. Lo había hecho por complacerme.

En otro momento de mi vida, con llantos y reclamos habría conseguido su presencia, pero ahora, con tanto amor recibido y circulando, no podía manifestar algo diferente ante el hombre que camina conmigo y nos sostiene como padre y compañero. Decidimos que él no asistiera al evento del parto, que estuviera presente desde el lugar que le resultara cómodo. Muchas fueron las opiniones al respecto por parte de personas cercanas y no tanto. Debo confesar que aunque la decisión fue conjunta, lo que me hizo mantenerme en ella, además del amor por su puesto, fue la comprensión de todas las mujeres que me acompañaron en este viaje; mi partera, doulas, compañeras de formación, mujeres de mi familia, mis ancestras y por supuesto la mujer que acompaña la crianza y vida de nuestras familias, la señora Sandra Ballen, quien además de cuidadora, cocinera profesional, repostera, florista, madre de seis hijos, esposa y psicóloga, fue mi doula de cabecera.

Ya tomada la decisión de manera consciente, respetada y amorosa, seguimos el camino y tras coordinar la logística, se optó por un parto en agua. Se vinieron los últimos controles y cerrando el último ciclo de formación en Happy Yoga con mis compañeras y hermanas doulas, Victoria decidió manifestarse en este plano.

Parto

El trabajo terapéutico y mi formación me mostraron un enorme aprendizaje sobre el trabajo de parto y parto. Desde particularidades sobre la maravillosa sincronía de la naturaleza en la fisiología de este evento, hasta lo sagrado que resulta ser este ritual de paso a la maternidad. Pero también trajo a una premisa, que ahora en medio de mi trabajo de investigación sobre el parto humanizado en América Latina, desmontan miles de supuestos.

El parto, como evento sagrado, es trascendental, determina mucho de lo que se viene para esa  madre que pare y ese hijo que nace. De su respeto, intimidad, amor y contención depende en gran medida el futuro de esa mujer y ese bebé. Sin embargo, como lo menciono antes, es eso, un evento; y como evento será como deba ser, no mejor o peor que otro, muy lejos a veces de los hermosos videos que nos presentan partos “perfectos”.

Si estamos luchando desde el amor porque más familias reciban nuevas vidas para este plano desde la experiencia de partos respetados, humanizados y conscientes; hay que sacudirse un poco el romanticismo y dejar que la belleza de la imperfección nos sorprenda. Laura nuestra profesora de yoga dentro de las enseñanzas del kundalini nos compartió la afirmación “Hago lo que debo hacer y me desapego del resultado”.  Nada más oportuno para un evento como este. Pues planear un parto en casa, en agua, con o sin tu compañero, no garantiza que todo salga “como lo planeamos”. El plan divino ahí está, es el que debe ser, perfecto y desde la compasión y el amor podemos recibirlo y aceptarlo.

Este preámbulo es porque el romanticismo, que muchas veces es el motor de nuestros proyectos nos invade, lo cual está bien, pero no puede ser el único presente. Eso no lo entendí en mi parto anterior, seria Victoria nuestra maestra en este camino.

La fiesta de la vida

El 19 de septiembre, tras coordinar la logística correspondiente con lo relacionado al parto y tras verificar que operativamente no existían condiciones óptimas para el parto en agua, decidimos desistir de esta opción, que habíamos acunado con ilusión, pero que no por eso modificaría la belleza del evento. Era el momento de reunirnos en un circulo poderoso de mujeres, que como nuestras ancestras reunidas para los eventos sexuales que determinan los ciclos de la mujer, habíamos decidido tomar. Alejandra, mi partera; Ana, Katherin y Amagoia; mis hermosas hermanas doulas; la señora Sandr,: la cuidadora de nuestra familia y Silvana Lucía mi hija de tres años, éramos las convocadas para este encuentro.

Luego de comadrear y compartir el alimento, nos reunimos en círculo de palabra y creatividad para pintar mi panza, la que servía de resguardo divino para Ana Victoria. Tras pensar en ¿Cuál podría ser la imagen que acompañara esta fiesta? Estas poderosas mujeres vieron en mis estrías, esas marcas divinas que los cánones de estética nos hacen ocultar y por los cuales nos avergonzamos, un mapa, una carta de navegación para pintar una historia que horas más tarde se contaría.

Lo que mi panza les mostraba, mientras ellas embriagadas de amor y risas pintaban, no era otra cosa que un grupo de mujeres danzantes alrededor del fuego de un útero. Rostros de sorpresa y emoción animados se acercaban con respeto y contención a mi piel y con cada pincelada nos mostraron todo un cuadro de lo que sería un parto acompañado por mujeres, en un círculo de completa sincronía. Silvana dio las últimas pinceladas. Tras la llegada de mi compañero a casa hacemos un cierre regalándole desde nuestro corazón los dones a Victoria y nos desplazamos a nuestra sesión de formación en Happy Yoga.

Era nuestro último ciclo de intensivo, el segundo de cuatro días de cierre del proceso de formación. Nuestra maestra Gisela nos invitaba a crear desde la intención el movimiento que acompañaría un mantra para una madre.  El círculo de mujeres danzantes antes dibujado en mi panza, se materializaba en un ritual. Mis compañeras regalando su movimiento e intención a Victoria y a mí en un círculo danzante poderoso.

Luego en nuestra práctica de yoga, las primeras contracciones. Inicialmente supuse, era una molestia por el alimento que compartimos, pues era la semana 38, esperábamos que llegara luego. Sin embargo al pasar las horas, no había duda, mis amigas y equipo Diana de la Montaña y Silvana Nivia Doula me acompañaron a casa sobre las 9:30 de la noche, era el momento. Avisamos a Alejandra quien se dirigía a un evento personal y nuestro trabajo de parto inició.

Mujeres Medicina

Ya era la media noche, mi compañero – como habíamos acordado – se desplazaría a un lugar cercano durante el trabajo de parto. Tras coordinar cuestiones operativas, con un beso y un abrazo se despide de nosotras, quedando entonces todo el grupo de mujeres convocadas. Mi partera, mis doulas y Silvana, mi hija.

Ante la inminencia del evento me dejo acompañar por las mujeres que me contienen, cada una desde un lugar, casi como si hubiésemos repartido los papeles previamente, todas en una sincronía impresionante. Amagoia, una montaña, era ella quien me sostenía, sobre quien me posaba sin prevenciones, quien me permitiría recibir con fuerza y valentía cada contracción; una tras otra como una ola, cada vez más cerca de la bienvenida a la nueva vida.

 Ana María, desde su amor, serenidad y sonrisa sincera me representaba el confort que una madre desde sus brazos fuertes y delicados a la vez puede ofrecer a su familia, sobre ella me posaba de manera tranquila y relajada, entonábamos mantras y hacíamos de una fiesta de este tránsito.

Katerine, contención completa desde el tejido, para esta fecha debía estar terminada la mochila para el parto, pero aún faltaba, como una abuela contenía el espacio, el ritual. Por momentos ella, era una abuela, un abuelo. Ahora que lo escribo, lo siento. Su masculino estuvo presente, no solo en el tejido de la gasa que sostendría la  mochila con la que simbólicamente cuidamos la gestación y vamos tejiendo la familia, sino también desde su sabiduría.

Alejandra, ¿Qué decir de esta mujer y su sabiduría? Si bien ese amor y encanto siguen presentes; es la mujer partera desde su medicina la que está allí presente. La observación permanente desde lo fisiológico y lo sutil, la intervención oportuna, la palabra precisa, la afirmación necesaria, la medicina, ella es pura medicina cobijada y guiada por los mayores.

Ellas fueron las guardianas de nuestro parto.

Pasaron varias horas, ya en la madrugada, con Silvana tosiendo y mi preocupación de madre allí presente, la sugerencia de Aleja, con la que estuve de acuerdo, fue llevar a Silvana a otro espacio familiar que nos permitiera a nosotras entregarnos a la medicina del parto. Así fue, llego mi compañero y tras una oración y un beso de la que sería hermana mayor y el padre iniciamos otro momento del trabajo de parto.

Momentos después llegó la cuidadora de Silvana, quien en realidad es la cuidadora de toda la familia: La señora Sandra. Una mujer poderosa, sabia, certera con su palaba y quien sin tener una formación específica para el oficio se convertiría en la cuarta doula, con todas las letras que le merece, por el cuidado y amor desmedidos que deja en su labor.

En la fiesta de la vida mi palabra fue: Sanación. La respuesta fue inmediata y entre contracciones la confrontación y aprendizajes fueron permanentes. Todos los temores, egos, ausencias de cara a la llegada de Victoria. Alejandra, la indicada para acompañar el camino, su pericia y observación permanente nos permitieron viajar y atravesar cada estadio de manera triunfante.

La libertad de movimiento, el acompañamiento de sostén y cuidado de mis doulas y la voz siempre presente a través de mantras y el canto carnático. Aparezco yo transformada poderosa, sonriente, placida y me acompañan las afirmaciones que escucho y otras que salen de lo mas profundo: “Yo se parir”, “solo por hoy no tengo miedo”,   “es dolor, no sufrimiento”, “compasivo, con dulzura”, “con amor”, “Desde el espíritu”.

El Pujo

Durante el pujo vino a mí una figura que recordaba haber visto en alguna ocasión, pero de la cual no recordaba mucho. Ahora en el posparto la he buscado y ¡Que sorpresa!  Tlazolteotl, diosa Azteca de la fertilidad; la posición  en cuclillas y su rostro que para mí sonríe, me vinieron a la mente en el pujo y efectivamente mi rostro se transformó con una sonrisa placentera y un poco ajena a lo que había experimentado antes, que se fijó allí.

Esa fue mi imagen, ya segura de que se acercaba el momento escuchaba atentamente mi cuerpo y era más consciente que antes del acompañamiento de mi partera. Alejandra desde lo profundo de su ser entonaba con su voz el canto que llamaba y daba la bienvenida a Victoria, con sus palabras acompañaba desde el respeto el proceso. Con dulzura, siempre con amor. Dos pujos, y en mis brazos Victoria. La primera frase para ella “Yo ya te había visto mi vida”.

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