Erotismo bajo el crisol de lo matristico

Erotismo bajo el crisol de lo matristico 2

Autora: Alejandra Montes Serna[1]
Fuente: Revista Obsinautas Especial La Puta. Número 6: Julio/Agosto de 2014 (páginas 58 a 66)

Cuando recibí la invitación a escribir en la revista Obsinautas, estaba ya preparando con antelación una reflexión sobre la Madre. Este ha sido el tema en el cual más me he centrado, en mi calidad de Partera y Doula desde hace unos buenos años en Colombia. Finalmente me enteré que este número de la revista iba a estar dedicado al arquetipo de la Puta y específicamente debía escribir sobre erotismo y sexualidad. Duré unos buenos días tratando de transformar la intención del escrito, hasta que por fin me di cuenta que no había necesidad de hacerlo.

Primero porque la primera intención de escrito estaba dedicada a señalar el hecho de que las mujeres somos las encargadas de hacer los ritos iniciáticos del erotismo de nuestros hijos sean hombres, sean mujeres y, estos ritos iniciáticos comienzan con el proceso de gestación, el parto y se extienden con el amamantamiento, el contacto piel a piel, la caricia, el beso, el abrazo, la ternura, el silencio, la construcción de la intimidad, la mirada; pasan también estos ritos iniciáticos, por el acompañamiento a la maduración del proceso de control de esfínteres, la relación con su propio excremento, con sus genitales, con el ano y llega hasta la construcción del yo, del sí mismo. 

Por tal motivo me quede desarrollando la propuesta de Erotismo y Sexualidad desde la madre, para afirmar que las madres somos fundadoras, iniciáticas de la experiencia del erotismo de nuestros hijos e hijas.

Ahora bien para darme a la tarea de afirmar el carácter iniciático de la madre en los asuntos del Erotismo, es necesario pasar al escalón del nombrar el Erotismo como la experiencia del espíritu en la piel y en la tierra. Esta definición de Erotismo confronta concepciones genitales y por lo que desarrollaré a continuación, patriarcales de esta dimensión humana.

El título del escrito: Erotismo visto bajo el crisol de lo matristico, se dedica entonces a desarrollar en versión de artículo dos ideas fuerza. Primera: Hay que re-crear, re-valorar, re-pensar y re-sentir el erotismo allende una experiencia sexual – genital. Esta demarcación del erotismo como propia de los asuntos del amor sexual es una más de las estrategias del patriarcado para sostener el orden de la actual cultura.

La segunda idea fuerza es: la transformación de la relación con la madre puede llegar a ser el envés de esta estrategia patriarcal. Pensar el Erotismo bajo el crisol de lo matristico  hace parte del trabajo de reestructuración de la cultura desde el cuerpo y en relación con el mundo.

Estas ideas fuerza seguramente tendrán muchas otras versiones en el futuro. De hecho hay una promesa escritural que ya tiene un título y que sueña con ser el día de mañana, un libro: me refiero a: Mi primer y más grande amor, título y contenido que se refiere a La Relación de nuestras vidas, la relación con la madre. Pongo entonces en consideración esta reflexión para ser compartida, debatida y enriquecida por la comunidad de obsinautas.

Erotismo y Sexualidad

Más allá de ti, más allá de mí, por el cuerpo, en el cuerpo, más allá del cuerpo, queremos ver algo. Ese algo es la fascinación erótica, lo que me saca de mí y me lleva a ti: lo que me hace ir más allá de ti. No sabemos a ciencia cierta lo que es, excepto que es algo más. Más que la historia, más que el sexo, más que la vida, más que la muerte

Octavio Paz

¿De qué se trata el Erotismo sino de aquella experiencia del instante en el que el cuerpo accede a la presencia y a la conciencia a través de todos los sentidos? Pese a este tono trascendental para lo humano, nada más excepcional en la vida de nosotros los contemporáneos, que una experiencia erótica. A cambio de ello existe la imitación erótica consistente en simular, basados en una ciencia sexual y una técnica del placer genital, una sensación de libertad y satisfacción necesaria para alcanzar la plenitud personal.

El Erotismo visto desde esta carencia de la experiencia de la cultura, salta de la práctica del masaje erótico a la búsqueda de aceites, objetos y fórmulas que prometen un encuentro consigo mismo, con otro conocido o desconocido. Tal confusión es capitalizada por el mercado del deseo y el placer. Erotismo entonces se relaciona de manera inmediata con perversiones, fantasías sexuales, juegos prohibidos, identificación de deseos insatisfechos que renuevan el mercado de la pornografía, la prostitución, la medicina plástica y tantas otras prácticas que buscan sostener el vacío y la carencia de Eros con los otros y con nosotros mismos, en pro de su beneficio.

La otra cara de esta realidad, la Sexualidad. Si bien el Erotismo es ante todo un acto, la sexualidad legitima los actos con la aprobación pero sobre todo con la desaprobación. ¿Cómo? La Sexualidad se despliega ante todo como conocimiento y como saber y, es en este sentido, el Poder de lo instituido. A nombre del conocimiento y el saber sobre lo sexual, se demarcan los límites de lo que es y no es sexual, lo que es y no es normal, lo que está permitido y lo que está prohibido y en esta brecha el acto erótico tiene su nacimiento en versión contemporánea[2].

Erotismo como acto y Sexualidad como discurso son las dos caras de una misma moneda. Esta moneda tiene el valor de sostener el flujo energético y material del patriarcado que de manera sistemática coloniza nuestro pensamiento, nuestros deseos, nuestros quereres, nuestros cuerpos.

De tal suerte que al día de hoy hombres y mujeres vivimos tratando de alcanzar la plenitud del cuerpo, desde un saber y un conocimiento que no está en el cuerpo mismo, sino en la idea de lo que debe ser y no ser, en lo que se debe hacer y no hacer.

La búsqueda del orgasmo, la efervescencia de la vida, el gozo del placer, el sentido de estar vivos, está mediado por un camino decidido por anticipado que a ciegas recorremos todos. Muchas de las veces estas precariedades desembocan en las ecuaciones con la pareja, también se vuelven enfermedad, pero sobre todo ahondan en la pérdida de sentido, sentimiento que al patriarcado le sirve como ningún otro.

¿Pero que otra posibilidad hay de concebir el Erotismo? Por supuesto de esto se ha escrito bastante, pero la propuesta aquí básicamente es vivir el Erotismo como experiencia del espíritu en la piel y en la tierra.

Para presentar esta idea quiero apoyarme en algunas imágenes que paradójicamente encontré en la vida de unos Santos católicos. Santa Teresa, interpretada por la escultura que Bernini hiciera de su encuentro místico, San Francisco de Asís y sus poemas y actos a todo lo vivo y, la obra literaria de San Juan Inés de la cruz. Estas imágenes – ejemplos cuyo análisis no se desarrollan en esta presentación, me sirven para señalar algunos puntos de fuga en los que el cuerpo y la piel son experiencia y presencia del espíritu y expresión erótica del vivir.

Allende la vida de cada uno de estas Santas y Santo, estas imágenes son retratos históricos de posibles y, me permiten mostrar el gesto que contiene la presencia que sintetiza, en los términos en que lo comprendo, la relación Erótica con el mundo.

La escultura de Santa Teresa por ejemplo: su rostro está lleno del gesto de placer que produce muy seguramente el hecho de que el Todo le habla. La oraciones, los cantos, los poemas que escribiera San Francisco de Asís en los que testificaba que todo estaba dentro de él y estaba vivo con él y, la obra de San Juan Inés, en la que expresa su estado pleno, de éxtasis y enamoramiento de quien fuera su representación del Todo.

Una vez más, no me detengo en la fuente religiosa de estos Santos, lo que quiero señalar es la gracia, el éxtasis, la plenitud que de manera excepcional y por un camino igualmente particular, encontraron estos tres seres humanos. Cuando los veo, cuando los leo, siento el Erotismo del que están permeados y -evoco si acaso- algunos estados que he experimentado cuando permití que la vida me penetrara.

La madre como iniciática de la experiencia del espíritu en la piel y la tierra.

El primer tattva[3] es la tierra. Con todo mi cuerpo toco la tierra. Mis senos tocan la tierra. Mis manos tocan la tierra. Mi corazón toca la tierra. Mi vientre y mi sexo tocan la tierra. Mis mulsos, mis rodillas y los dedos de mi pie tocan la tierra. Toda la tierra respira. Todo es respiración. Gozo de la tierra, de su presencia, de su energía. La tierra es real. Sólo tu contacto superficial con la tierra es irreal.

Dakini Devi

La relación más profunda que se puede vivir sobre la tierra es con la madre. Esta relación bien se vive desde la presencia o desde la ausencia, pero en definitiva funda las maneras en cómo te relacionarás contigo misma/o, con los otros y con el mundo.

Los vínculos de pareja, el amor propio, la relación con la tierra, el cuidado del cuerpo, el alimento, la relación con mujeres, con  hombres, tiene una cuna tejida entre madre y bebe desde la concepción. Este tejido inicia en el vientre de la madre, en el proceso de gestación y culmina según la psicología sistémica hacia los 13 años. Después de ese tiempo iniciático, se repiten las formas en como ese tejido se dio en un individuo, por el resto de la vida sobre la tierra.

La forma de relacionar-se con la madre, funda las demás relaciones que a su vez tienen muchos rostros. El que se destaca aquí por supuesto, es el rostro del Erotismo. La madre, por excelencia, es iniciática del erotismo y de las prácticas eróticas de sus hijas/os.

Ahora, de la salud o de la enfermedad que la madre tenga con respecto a su cuerpo, a su sexo, a las relaciones con su mundo, con su pareja, con lo masculino, con el alimento y con su propio cuidado, depende lo que ese nuevo ser humano va a vivir y a desenredar por el resto de su vida.

La enfermedad o la salud de esa madre no dependen enteramente de ella en principio. En gran parte es la cultura la que produce sus propias enfermedades y sus propias formas de curarse. Y es el Erotismo, de manera inmediata como lo concebimos hoy en día, lo que se está leyendo como parte de nuestras mayores enfermedades. Tal vez, replantear tanto la noción de Erotismo como la relación con la madre, sea precisamente, dos de las medicinas que nuestra propia cultura está señalando para curarse.

Quisiera mostrar entonces tres eventos iniciáticos en los que la madre es el canal de herencia para vivir la experiencia del espíritu en la piel y la tierra. Estos eventos determinan en mucho la forma en cómo se relacionará ese nuevo ser humano consigo mismo, con los otros y con la tierra, en suma, determinará su Erotismo con la vida. Estoy hablando de la gestación, el parto y el amamantamiento.

            La Gestación

El proceso de gestación de un nuevo ser humano que encarna una mujer está medicalizado en el mundo. En la gran mayoría de los casos, las mujeres viven este ciclo bajo el control del sistema médico que a nombre de la seguridad y en pro de la salud y protección a la vida, le arrebatan la experiencia en el sentido en que lo instituido, se hace cargo, “controla” la gestación y ni siquiera informa o forma a la mujer. En los casos en los que la información se ofrece, se hace a nombre de los riesgos que ellas deben conocer para reportar ante los trabajadores de la salud oportunamente, llegando una vez más a la dinámica del “tranquila nos hacemos cargo”

El vínculo que la madre tiene con su bebe, sus intuiciones, su cuerpo está mediado entonces por toda esta maya institucional médica, que la alienta a renunciar a lo que ella siente, lo que ella cree, lo que ella sabe. Esta pérdida de poder vivida en uno de los momentos más cruciales del cuerpo femenino, tiene su profunda influencia en la experiencia del espíritu en la piel y en la tierra de ese nuevo ser humano. Lo que es vivido desde el vientre por la madre sin conciencia, es transmitido al cuerpo emocional del nuevo ser humano. Y si la madre ha vivido la pérdida de poder y confianza en sí misma, seguramente es ello lo que se perpetua.

            El Parto

Pasa otro tanto en el proceso de parto de la mujer. Violado, arrebatado, vivido en sufrimiento y sin libertad, el parto, concebido como un evento sexual e íntimo, es -en las actuales condiciones de la cultura- uno de los eventos más violentos permitidos e institucionalizados. La transfusión simbólica, emocional, energética, sentimental, física que la madre le da al nuevo ser humano en el momento del parto, está cada vez más documentada. Del cómo se vive ese momento y del cómo sea sanado lo acontecido si es el caso, influye de manera contundente en la experiencia del amor (de ese eros) del nuevo ser.

            El Amamantamiento

Ni que decir de la evaluación constante que hace la externalidad, el sistema y lo social frente a una de las relaciones más íntimas y sexual que tiene la mujer con sus hijos, a saber el proceso de amamantamiento.

Este proceso es vigilado y coartado tanto por el mercado cuyos intereses están en vender la leche artificial; como por los tiempos de las empresas que requieren la fuerza laboral nuevamente de la madre. Por supuesto este evento iniciático también es intervenido por el compañero de la mujer que quiere recuperar lo que cree le pertenece –el cuerpo de su compañera- para seguir penetrándolo, en la lógica de la genitalidad de la sexualidad y el erotismo.

La madre vive el amamantamiento como vive la relación con su cuerpo, como vive la relación estableciendo límites. O bien se oculta, o bien se hace daño así misma o bien, no es leal ni fiel consigo y esto es transfundido a las mismas células, a los huesos de ese nuevo ser como alimento.

Es en estos sentidos en los afirmo que la mujer es iniciática de la experiencia del espíritu en la piel y la tierra. Del cómo es vivido, por lo pronto, estos tres ritos iniciáticos, es revivida la experiencia erótica con la vida. Es posible que estas medicinas nos lleven a vivir el Erotismo más allá de la genitalidad; sea vivido desde las manos, desde la tierra misma, desde los pies descalzos, con todo el cuerpo… y entonces el orgasmo, aquel halo de libertad tan anhelado… sea vivido a flor de piel.

Con todo lo anterior pienso que todo está por hacer. Primero hay que investigar más sobre los determinantes en los seres humanos de estos eventos vitales; segundo, creo que hay que reconocer estos eventos precisamente como rituales y en ese sentido, es necesario reconstruir cultural y socialmente, las prácticas que acompañan la gestación, el parto y el amamantamiento. En otras palabras hay que reconstruir la memoria ritual y matristica para el inicio de la vida.

En la medida en que los ritos iniciáticos se reinventen, se recreen desde una visión contemporánea libertaria de una nueva cultura, sentida y vivida desde la piel de la madre, el Erotismo y la Sexualidad van a dejar de ser fortines del poder patriarcal, como lo han sido durante siglos.

Fuente: Revista Obsinautas Especial La Puta. Número 6: Julio/Agosto de 2014

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[1] Terapeuta de la Obsidiana en formación, Filósofa de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia con estudios de posgrado en Filosofía del Derecho en la Universidad Libre de Colombia, Madre, Partera autónoma con experiencia por más de 5 años atendiendo partos en casa, acompañando procesos de pre-gestación y gestación, Doula certificada y Terapeuta Integral dedicada a la sanación de lo femenino y acompañamiento a procesos de auto – conocimiento y cuidado de sí a hombres y mujeres.

[2] Para ampliación de este análisis nada mejor que echar un vistazo a la última obra de un pensador francés Michel Foucault, en su obra, la historia de la Sexualidad, Tomo I: La Voluntad de Saber. Siglo XXI. Argentina. 1991

[3] ODIER, Daniel. Tantra, la iniciación de un occidental al amor absoluto. Alquimia. Madrid. España. 1996. Tattva se puede traducir como elementos o categorías del universo según el tantrismo.

2 comentarios en “Erotismo bajo el crisol de lo matristico”

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