¿Parto humanizado o parto respetado? Más allá de una cuestión de estilo

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Hacia el concepto de parto humanizado

El concepto de humanización encarna un proceso de Idealización del ser humano. Este concepto o noción nos ha acompañado desde inicios de la modernidad en la que se continuó con el proyecto civilizatorio y racional que prometía humanos excelsos, seguros y avanzados, cada día más alejados de “las condiciones salvajes y crueles de la incertidumbre de la vida y la fuerza de la naturaleza”.  

Humanizar, en este contexto, significa entonces que una cosa sea supuestamente más humana en la medida que se aleja de la crueldad y el sufrimiento. Humanizar significa que “algo” sea menos cruel para los seres humanos. De tal suerte que es un proyecto que pretende transformar las condiciones que no nos parecen humanas, como la guerra, la crueldad, el odio etc.

Humanizar pasa también por pensar y creer que somos capaces de desarrollarnos en una sociedad justa, igualitaria y próspera para todos. Todo esto aunado a la pretensión de que las personas desarrollemos por igual (gracias a la educación) sentimientos colaborativos, solidarios, empáticos para vivir en un mundo humano, mejor, con sentido.

Estas transformaciones de lo humanizado, han estado mediadas también por la tecnología, la ciencia y la visión sobre cierto tipo de bienestar (acumulación de riqueza o menos dolor y sufrimiento para los seres sintientes).

Ahora bien, es en estas últimas décadas que nos hemos replanteado, nuevamente lo humano, a propósito de la exacerbación de lo tecnológico y las pérdidas que ello ha acarreado a nivel social.

Y es en este sentido en que el parto humanizado abre, a la par de lo ecológico–ambiental, los replanteamientos sobre la salud y la enfermedad que denuncian las pérdidas, cuyas consecuencias padecemos hoy.

Ahora bien, entender la lucha histórica del Parto Humanizado, es comprender también el contexto desde donde se alza la voz a nivel mundial. La institucionalización del parto y el nacimiento bajo el gobierno de lo científico y tecnológico ha traído como consecuencia una deshumanización (es decir, una desconexión de los sensible humano), que nos tiene hoy planteando una atención menos cruel y con menos sufrimiento para las mujeres y sus familias.

Hoy es una verdad: El proceso de industrialización de nuestras sociedades conquistó los cuerpos a través de la medicina cientificista. La salud se convirtió en un servicio masivo y en un derecho que atender por parte de los Estados. En esta trampa política y de los derechos, el sistema de salud convirtió a los médicos en funcionarios, a las clínicas en empresas y al paciente en sujeto-objeto, perdiendo precisamente, la dimensión humana. En este contexto, el acontecimiento del parto y el nacimiento formaron parte de estas lógicas de masificación, perdiendo con ello la salud del acontecimiento mismo.

Ante esta realidad y desde hace años se presenta el movimiento mundial de la humanización del parto. Varias organizaciones de distintos países, vienen fomentando cambios a raíz de la cascada de intervenciones médicas que, a nombre de la seguridad, convirtieron el parto y nacimiento, en un evento médico, clínico y estadístico. Los resultados de este movimiento han sido sorprendentes. Gracias al trabajo constante de mujeres y hombres, se puede decir al día de hoy, que hablar de parto humanizado es un tema de vanguardia, cuyo interés es general.

Ahora bien, este movimiento se autodenomina en pro del parto humanizado o parto respetado. No existe una diferenciación de estos dos conceptos. Es decir, podemos leer en la literatura, parto humanizado o respetado, sin ningún tipo de distinción.

Desde el Instituto MaternarSer sin embargo, proponemos una diferenciación entre parto humanizado y respetado. El objetivo, establecer algunos matices que para nosotros vienen emergiendo con el cambio de paradigma que de hecho estamos viviendo. Este cambio de visión, nos está arrojando unas nuevas coordenadas a tener en cuenta para comprender de qué se trata esta nueva consciencia, que denominamos, la era del nacimiento.

Parto Humanizado

En este orden de ideas, vamos a entender Parto Humanizado como la perspectiva de un movimiento de base que, desde las familias mismas, las mujeres y acompañantes del parto, empezó a denunciar al público la realidad de la deshumanización en la atención del parto y nacimiento, como consecuencia de la industrialización de la salud.

El reclamo del Parto Humanizado se hace desde el señalamiento de las formas poco sensibles y “humanas” con las cuales se atiende un parto en la gran mayoría de las clínicas y hospitales. Una atención protocolaria en la que la mujer, su dignidad, sus necesidades, están por debajo de las lógicas del sistema administrativo de salud.

Un Parto Humanizado se plantea en medio del contexto desde el que emerge su reclamo. No podemos entender un Parto Humanizado sin conocer y reconocer el contexto en que la salud, pero sobretodo el parto y el nacimiento son tratados desde la lógica de la masificación.

Es entonces como el Parto Humanizado desea restaurar la individuación de la experiencia del proceso de parto y nacimiento, en medio de la masificación de la atención y las leyes del protocolo médico. Su denuncia entonces, se convierte a un tiempo, en los límites de su propuesta.

Y es que de hecho la propuesta del Parto Humanizado es el número de recomendaciones que son a su vez, el envés de lo que se hace al interior de las clínicas.

Así por ejemplo se habla de un parto en movimiento a raíz de la vivencia de las mujeres de un parto en decúbito supino o en posición acostada; se plantea un pinzamiento tardío del cordón umbilical a partir de la práctica de un pinzamiento temprano; se habla de un trato digno desde la experiencia repetida de mujeres que han sentido un trato indigno y sin ningún tipo de consideración.

De esta manera, la humanización del parto se convierte como el revés de la atención existente. Reiteramos que allí está su límite y también su parte de bondad, en el sentido en que es, sin lugar a dudas, el primer gran paso para el cambio.

Parto Respetado

Si entendemos que el respeto es «la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, al que se le reconoce valor social o especial diferencia», entonces podemos hacer la construcción de la diferencia entre una Parto Humanizado y Respetado.

El Parto Respetado implica, la guarda de las opiniones y estilos de vida de quien está exponiéndolas como parte de su dignidad e inclusive su propia libertad. De tal manera que el respeto empieza a poner sobre la mesa, el hecho de que existe una opinión, una decisión y, por ende, autonomía frente a la experiencia del parto de la mujer y el hombre, y el nacimiento del bebe.

Y este es un paso siguiente, por así decir, frente al Parto Humanizado. El respeto implica una observancia de la manera en cómo las mujeres y sus familias quieren vivir la experiencia. Allí entran en juego, los estilos de vida de las mujeres, las visiones frente a la salud, la necesidad de que su libertad sea celebrada y respetada. Esta visión tiene un pendiente: el diálogo sobre la relación entre los estilos de vida y la salud, así como la concepción de la salud establecida por la ciencia y la medicina convencional.

La gran autoridad de la que están revestidas la medicina convencional y su visión cientificista hacen que, en la actualidad, un Parto Respetado requiera de un grupo de mujeres y hombres que asumen la responsabilidad de sus deseos y querencias, desde lo que ven como saludable, pero que los proveedores de salud institucionales ven, en muchos de los casos, como actos irresponsables y neo hippies, como modas o caprichos sin sentido. Precisamente porque no se está entendiendo, lo que el nuevo paradigma nos está mostrando.

Las mujeres y sus familias que hablan de un Parto Respetado exponen sus fibras íntimas, sus rituales, sus formas de vida y quieren que esas formas estén presentes en una de las experiencias más importantes de sus vidas, la llegada de su hija o hijo.

La no distinción entre Parto Humanizado y Parto Respetado hace que se pierda el matiz fundamental de los avances en la reflexión colectiva que anuncia una época y que desde el Instituto MaternarSer la denominamos la era del nacimiento.

Detrás del reclamo de un Parto Respetado está la necesidad imperiosa de hablar de la salud y el bienestar como un constructo unido a los estilos de vida, a la visión de mundo que tienen las personas en torno a su felicidad. Este diálogo está aún esperando oyentes.

Parto Libre y Nacimiento Consciente

El concepto de libertad es uno de los más complejos en la conversación humana. Algunos comprenden la libertad como la ausencia de algún tipo de coacción, sometimiento, regla, deber o disciplina.

También encontramos la noción de libertad desde su aspecto positivo en el sentido en que su definición no es la ausencia de algo determinado, sino que está llena de contenido. Libertad desde esta visión está relacionado con elegir, actuar según los criterios, razón o voluntad de cada individuo.

Sin querer afirmar que una definición es más válida que otra, existe otra noción de libertad que sustenta también una concepción de vida, en la que aceptamos no tener el control de todas las cosas. Desde esa perspectiva, la libertad se convierte en darse cuenta de los aprendizajes de cada experiencia para vivir con ello en gozo y gracia.

Asumiendo está última posibilidad de definir la libertad, el Parto libre y Nacimiento Consciente es una propuesta de estar dispuestos a recibir en consciencia el aprendizaje que cada hijo cada hija trae a la vida de sus protagonistas y de su árbol genealógico.

Por supuesto, en este contexto del parto libre y consciente están relacionados con la construcción que cada mujer y cada hombre, cada familia, hacen de la forma en que quieren vivir y asumir la experiencia del parto y nacimiento. Planteado así, un Parto Libre y un Nacimiento Consciente se caracterizan por el hecho de construir una experiencia consciente que mujeres y hombres hacen de su paso a la vivencia de la maternidad y paternidad.

En un Parto Libre la mujer no sólo está informada de los procedimientos a los que puede tener acceso en caso de que elija parir en una institución hospitalaria, también es consciente y responsable de sus elecciones frente al ser madre, compañera, tal vez incluso mujer.

Un Parto Libre se vive como una parte, un momento importante, un ritual de paso para acceder al gran aprendizaje de la maternidad y la paternidad.

Un Parto Libre puede resolverse de distintas maneras: en clínica, en casa, inclusive se puede resolver por cesárea. Lo que hace libre un parto es cómo lo vive la mujer y cómo procesa lo vivido a la luz de su propia historia y de sus propias decisiones, deseos y realidades.

Un Parto Libre es una experiencia que sirve como pieza de rompecabezas para seguir el camino de la consciencia como seres humanos. El Parto siempre habla de cómo se están viviendo las experiencias, el parto hace parte del camino de la consciencia.

Nacimiento consciente es la manera sabia en cómo la familia, la madre, reconoce la semilla de su linaje y se compromete con el origen de esa semilla.

1 comentario en “¿Parto humanizado o parto respetado? Más allá de una cuestión de estilo”

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